06/06/2018

Diseñan robots que interpretan las emociones de personas con discapacidad intelectual

Diversos sensores envían señales al robot, que identifica el estado emocional de cada persona y propone actividades para beneficiarlo

El investigador Jainendra Shukla con el robot que ha diseñado.
El investigador Jainendra Shukla con el robot que ha diseñado.

Las personas con discapacidad intelectual tienen limitaciones para expresar sus emociones. La robótica social asistencial o, lo que es lo mismo, el uso de los robots para mejorar la atención a personas con dificultades se utiliza mucho en el ámbito de la salud mental, sobre todo entre niños y niñas con trastornos del espectro autista y en adultos con demencia. Aunque ya existen muchas técnicas de reconocimiento de las emociones, por ejemplo a través de expresiones faciales, no son válidas en personas con discapacidad intelectual, que se mueven en parámetros diferentes.

Ahora, una investigación que ha hecho Jainendra Shukla bajo la dirección de Domènec Puig, del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas de la URV, ha conseguido crear un robot que puede detectar las emociones en estos pacientes y también proponer acciones para modificarlas, en caso de que sean negativas, o mantenerlas en el tiempo, en caso de que sean positivas.

La investigación de Shukla se enmarca en su tesis de doctorado industrial y está enfocada a mejorar la rehabilitación cognitiva en estas personas, con el fin de aumentar su autonomía y mejorar su calidad de vida. Para ello, ha trabajado directamente en estrecha colaboración con la Fundación Ave María, que está dedicada a la atención integral de pacientes con discapacidad intelectual para los que a día de hoy no existe ninguna cura médica, pero sí tienen un margen para aumentar su bienestar. El objetivo de la investigación era ver cómo se podía mejorar, con la ayuda de robots, el nivel de cognición de estas personas a través del reconocimiento de sus emociones y diseñar actividades y rehabilitación personalizada, en colaboración con el personal asistencial del centro (médicos, pedagogos y psicólogos).

 

De izquierda a derecha, Julio Molinario, presidente de la Fundación Ave María; Jainendra Shukla, autor de la tesis; Antoni Reverter, miembro del patronato de la fundación y el investigador y director de la tesis, Domènec Puig.

La investigación se centró en captar el estado emocional de los pacientes y su nivel de atención a partir de señales fisiológicos como el estado de la piel, el ritmo cardíaco y el encefalograma. Todos los pacientes llevaban un reloj que actuaba de sensor y recogía estos datos, que se enviaban a través de la tecnología inalámbrica al robot, que las detectaba y las interpretaba. A través de diferentes algoritmos matemáticos y combinando los resultados de estas señales, el robot puede saber si estas personas están interesadas en una actividad concreta o no, y adaptarse a su estado emocional, cambiando de actividad si han perdido la atención , detectar si una canción les gusta o no, etc.

El trabajo desarrollado en esta tesis ha permitido dotar al robot de la habilidad para ir probando y combinando diferentes actividades adaptadas al estado emocional de los pacientes en cada momento, siempre bajo la supervisión del personal asistencial, que decide qué actividad se propondrá basándose -se en la estimulación y la rehabilitación con terapia cognitiva.

Esta investigación implicará reducir de forma significativa la carga de los cuidadores a la hora de definir actividades de estimulación cognitiva para personas con discapacidad intelectual y ofrecer una atención más personalizada a estos pacientes, quienes necesitan una atención constante que difícilmente se puede cubrir con el personal que trabaja en los centros. También permite aumentar su autonomía y de esta manera mejorar su calidad de vida.

Jainendra Shukla expuso los resultados de esta investigación durante la defensa de su tesis de doctorado industrial el 24 de mayo pasado. Fruto del trabajo de esta tesis, la URV junto con el Instituto de Robótica para la Dependencia (creado por la Fundación Ave María), solicitaron una patente europea en octubre de 2017.

Durante la gestión de protección de los resultados, el equipo investigador ha recibido el asesoramiento de la Unidad de Valorización y Comercialización de la URV, que cuenta con el apoyo de ACCIÓN.

 


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