13/06/2019

El proyecto McLaren gana el concurso de móviles autopropulsados 2019

Los 12 equipos del grado de Ingeniería Mecánica que competían diseñaron sistemas para propulsar los vehículos aprovechando la energía del agua

El equipo McLaren, ganador del concurso de móviles autopropulsados 2019, durante el lanzamiento de su avión.

Los estudiantes de primero del grado de Ingeniería Mecánica tienen cada año el reto de diseñar un sistema mecánico que propulse un vehículo con unos pasajeros muy frágiles, huevos de codorniz, para recorrer la máxima distancia posible. En la edición de este 2019, que tuvo lugar el martes 12 de junio en el campus Sescelades, la característica era que sólo podían utilizar el agua que se desprendía de unos seis metros de altura como fuente para hacer mover el mecanismo que permitiera acumular la energía y, a continuación, hacer el lanzamiento del proyectil por aire.

El equipo que más lejos logró llegar con su dispositivo (14,63 metros) fue el McLaren, integrado por los estudiantes Albert Munté, Enric Casanova, Arnau Ferré, Raúl Suárez y Félix Jerez. Estos futuros ingenieros probaron varios mecanismos hasta que comprobaron que lo que les daba mejores resultados era el que utilizan los portaaviones.

Albert Munté explica que los portaaviones tienen poca pista, por lo que los aviones tienen un mecanismo que los impulsa, “un raíl que otorga potencia al avión”. Y eso hicieron a pequeña escala: diseñar, con material reciclado, un raíl con un conjunto de muelles que se tensaban con el giro de la turbina cuando la noria se movía al recibir el impacto del agua cayendo en cascada.

Esta idea, bastante diferente de los sistemas de catapultas y ballestas que utilizaron mayoritariamente los demás concursantes, les hizo ganadores del concurso de móviles autopropulsados, a cinco metros de diferencia de los segundos mejores clasificados. Y también les hizo merecedores del premio que otorga el Colegio de Ingenieros: un marcador láser que les permitirá medir dimensiones con precisión.

Todos los equipos participantes en el concurso de móviles autopropulsados tenían que pasar previamente una revisión de las dimensiones y mecanismos de su artefacto.

Los 12 equipos trabajaron en sus proyectos integrando los conocimientos de todas las asignaturas del primer curso del grado. Pensaron su diseño, hicieron los cálculos y finalmente construyeron la máquina que tenía que disparar el móvil con una trayectoria parabólica utilizando la energía del salto del agua, unos 25 litros. Todo ello, sin dañar los pasajeros.


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