29 enero 2020

URV Activ@ - Diari digital de la Universitat Rovira i Virgili

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Beber más de cinco vasos por semana de bebidas azucaradas o edulcoradas, incluidas las bebidas light y los zumos de fruta, aumenta la obesidad abdominal, la hipertensión arterial y los niveles de triglicéridos en sangre, y reduce el colesterol bueno. Son las principales conclusiones de una investigación realizada con 1.868 personas de entre 55 y 80 años con un alto riesgo cardiovascular. El trabajo forma parte del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) y los resultados se han publicado en la revista Journal of Nutrition.

Adoptar un patrón de dieta mediterránea, rica en grasas de origen vegetal a partir de alimentos naturales (aceite de oliva y frutos secos) y sin restricción calórica se asocia a una ligera reducción de peso y menos circunferencia de la cintura abdominal, en comparación con una dieta baja en grasa en individuos con alto riesgo cardiovascular. Es la conclusión de un artículo que se ha publicado en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology este martes

Investigadores de la Unidad de Nutrición Humana de la Universitat Rovira i Virgili-Hospital Sant Joan de Reus y del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili , que forman parte de la red CiberObn, han llevado a cabo el primer estudio que demuestra que la dieta mediterránea disminuye el riesgo de tener unos niveles elevados de acilcartininas, -unos tipos de metabolitos o sustancias en sangre que, en exceso, aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular. El trabajo, que forma parte del estudio PREDIMED, se ha publicado en la revista científica The American Journal of Clinical Nutrition

Investigadores de la URV y del IISPV han descubierto que las personas con obesidad no solo acumulan glucógeno en los músculos y el hígado, como el resto de las personas, sino que también lo almacenan en los adipocitos, las células que forman la grasa corporal. Como consecuencia, estas células no realizan correctamente su función y la persona desarrolla resistencia a la insulina, lo que puede dar lugar a que tengan diabetes del tipo 2. Esta ruta metabólica, descrita por primera vez, sitúa el glucógeno como un nuevo actor en la patología de la obesidad