{"id":79833,"date":"2020-12-07T10:56:27","date_gmt":"2020-12-07T09:56:27","guid":{"rendered":"https:\/\/diaridigital.urv.cat\/?p=79833"},"modified":"2020-12-07T10:56:27","modified_gmt":"2020-12-07T09:56:27","slug":"muerte-violenta-en-la-cova-foradada-de-calafell-hace-unos-5-000-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diaridigital.urv.cat\/es\/muerte-violenta-en-la-cova-foradada-de-calafell-hace-unos-5-000-anos\/","title":{"rendered":"Muerte violenta en la Cova Foradada de Calafell hace unos 5.000 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>Los traumatismos observables en el esqueleto humano constituyen la evidencia m\u00e1s directa de los episodios de violencia interpersonal y son frecuentemente documentados en el registro arqueol\u00f3gico, puesto que nos han acompa\u00f1ado todos los periodos de nuestra historia. Los primeros casos se han datado en el Paleol\u00edtico, pero es a partir del Neol\u00edtico cuando este comportamiento se incrementa exponencialmente. Golpes con objetos contundentes, impactos de proyectiles o marcas de corte son algunos ejemplos de las lesiones vinculadas a eventos violentos. Sin embargo, determinar el tipo de objeto que fue utilizado como arma no siempre es posible.\nUn nuevo estudio publicado estos d\u00edas en el International Journal of Paleopathology, realizado por personal investigador del Institut Catal\u00e0 de Paleoecologia Humana i Evoluci\u00f3 Social (IPHES-CERCA), de la Universidad Rovira i Virgili (URV) y de la Universidad de Barcelona (UB), ha identificado un caso de traumatismo craneal en el yacimiento de Cova Foradada (Calafell, Tarragona). Se tratar\u00eda de un individuo de unos 50 a\u00f1os de edad que habr\u00eda muerto de forma violenta por el impacto de una azuela de piedra, un tipo de azada, hace unos 5.000 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Miguel \u00c1ngel Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez, investigador predoctoral en el IPHES-CERCA y autor principal del art\u00edculo, se\u00f1ala que el patr\u00f3n de fractura observado en el cr\u00e1neo \u201cha permitido inferir el tipo de objeto que se utiliz\u00f3 para provocar la muerte de este individuo, as\u00ed como la direcci\u00f3n del golpe\u201d. El cr\u00e1neo fue encontrado en 1999 durante una excavaci\u00f3n de urgencia en la Cova Foradada, en Calafell (Tarragona), pertenece a un hombre de unos 50 a\u00f1os y forma parte de un enterramiento colectivo del Neol\u00edtico Final \u2013 Calcol\u00edtico (5060 \u2013 4400 a\u00f1os antes del presente).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/youtu.be\/LpKU1HgDoT4\">https:\/\/youtu.be\/LpKU1HgDoT4<\/a><\/p>\n<p>La fractura ha sido analizada tanto con lupa binocular como con microtomograf\u00eda computarizada (micro-CT), se encuentra en el parietal derecho y no muestra ninguna evidencia de curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLas fisuras en disposici\u00f3n radial, algunas de ellas con una considerable apertura, la descamaci\u00f3n interna y los \u00e1ngulos de fractura agudos nos informan de que se trata de un traumatismo perimortem, es decir, en torno al momento de la muerte del individuo\u201d, comenta Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez. Adem\u00e1s, este individuo presenta dos lesiones antemortem, en el occipital y en el temporal derecho, completamente curadas, y una fractura postmortem en la zona inferior del occipital. Por lo tanto, en este mismo cr\u00e1neo es posible observar la diferencia entre traumatismos antemortem, perimortem y postmortem.<\/p>\n<p>\u201cLos traumatismos craneales son de un inter\u00e9s particular, ya que la cabeza constituye el objetivo principal cuando la intenci\u00f3n es matar al individuo, por lo que frecuentemente este tipo de lesiones est\u00e1n asociadas a la causa de muerte\u201d, a\u00f1ade Miguel \u00c1ngel Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez. \u201cEl patr\u00f3n de fractura resultante indica que se utiliz\u00f3 un objeto contundente con un filo recto y apuntado (\u201ctraumatismo contundente-cortante\u201d), como las hachas y azuelas de piedra pulimentada\u201d, asegura.<\/p>\n<p>Estos objetos tienen una morfolog\u00eda muy similar, pero difieren en su posici\u00f3n y forma de uso. Las hachas est\u00e1n enmangadas siguiendo el eje longitudinal del mango, mientras que las azuelas responden a una disposici\u00f3n transversal. \u201cPor este motivo, la dispersi\u00f3n de la fuerza respecto al punto de impacto es diferente entre ambos casos\u201d, puntualiza el mismo investigador. El hecho de que haya sido posible identificar el punto de impacto en la fractura craneal de Cova Foradada ha permitido inferir cu\u00e1l de estos objetos fue el m\u00e1s probablemente utilizado: la azuela.<\/p>\n<figure id=\"attachment_79828\" aria-labelledby=\"figcaption_attachment_79828\" class=\"wp-caption alignnone\" style=\"width: 678px\"><a href=\"https:\/\/diaridigital.urv.cat\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/magenmoreno-crani-iphes-p.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-79828 size-full\" src=\"https:\/\/diaridigital.urv.cat\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/magenmoreno-crani-iphes-p.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"1016\" srcset=\"https:\/\/diaridigital.urv.cat\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/magenmoreno-crani-iphes-p.jpg 678w, https:\/\/diaridigital.urv.cat\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/magenmoreno-crani-iphes-p-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 678px) 100vw, 678px\" \/><\/a><figcaption id=\"figcaption_attachment_79828\" class=\"wp-caption-text\">Miguel \u00c0ngel Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez, investigador predoctoral en el IPHES-CERCA y autor principal del art\u00edculo estudiando el cr\u00e1neo- IPHES<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u201cLa mayor destrucci\u00f3n se localiza en posici\u00f3n anterior al punto de impacto, por lo que el golpe fue provocado desde la espalda del individuo, probablemente por parte de un atacante diestro\u201d, relata Miguel \u00c1ngel Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez. \u201cAdem\u00e1s, una porci\u00f3n de hueso qued\u00f3 ligeramente hundida hacia dentro en respuesta a la presi\u00f3n externa, por lo que probablemente se realiz\u00f3 un movimiento de palanca para extraer la azuela del cr\u00e1neo tras el golpe\u201d, declara.<\/p>\n<p>Como vemos, el estudio de los huesos no s\u00f3lo nos habla de las personas a las que pertenecieron, sino en ocasiones tambi\u00e9n de c\u00f3mo fue su muerte, o qu\u00e9 tratamiento recibieron tras \u00e9sta. El caso de Cova Foradada es un ejemplo de c\u00f3mo, siguiendo criterios forenses, es posible reconstruir c\u00f3mo se produjo este un traumatismo craneal hace unos 5000 a\u00f1os. Gracias al an\u00e1lisis de los factores intr\u00ednsecos de la fractura, como las propiedades biomec\u00e1nicas del hueso y el patr\u00f3n de fracturaci\u00f3n, ha sido posible extraer conclusiones sobre el arma utilizada, la direcci\u00f3n del golpe y la posici\u00f3n del atacante respecto a la v\u00edctima.<\/p>\n<p>Referencia bibliogr\u00e1fica<\/p>\n<p>Moreno-Ib\u00e1\u00f1ez, M.A., Saladi\u00e9, P., Morales, J.I., Cebri\u00e0, A., Fullola, J.M. (2021). Was it an axe or an adze? A cranial trauma case study from the Late Neolithic \u2013 Chalcolithic site of Cova Foradada (Calafell, Spain). <em>International Journal of Paleopathology<\/em>, 32: 23-30. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1016\/j.ijpp.2020.11.002\">https:\/\/doi.org\/10.1016\/j.ijpp.2020.11.002<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los traumatismos observables en el esqueleto humano constituyen la evidencia m\u00e1s directa de los episodios de violencia interpersonal y son frecuentemente documentados en el registro arqueol\u00f3gico, puesto que nos han acompa\u00f1ado todos los periodos de nuestra historia. Los primeros casos se han datado en el Paleol\u00edtico, pero es a partir del Neol\u00edtico cuando este comportamiento se incrementa exponencialmente. Golpes con objetos contundentes, impactos de proyectiles o marcas de corte son algunos ejemplos de las lesiones vinculadas a eventos violentos. 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