26/03/2026
Hombres, más religiosos y más agresivos: el perfil con mayor tendencia a la transfobia
Un estudio de la URV con más de 300 personas adultas de Tarragona, Barcelona y Lleida identifica la religiosidad y la agresividad física como factores asociados a mayores niveles de transfobia y actitudes de acoso hacia personas trans.
Un estudio de la URV con más de 300 personas adultas de Tarragona, Barcelona y Lleida identifica la religiosidad y la agresividad física como factores asociados a mayores niveles de transfobia y actitudes de acoso hacia personas trans.
Las agresiones contra personas trans no son casos aislados, sino la punta del iceberg de una transfobia mucho más extendida de lo que a menudo se percibe. Un nuevo estudio firmado por un equipo investigador del Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV) no pone el foco en las víctimas, sino en el perfil de quien discrimina y agrede, con un objetivo claro: entender mejor el origen del odio para poder prevenirlo. Según la investigación, publicada en la revista Psychological Reports, la transfobia es más alta en hombres y en personas heterosexuales, mientras que la edad y la ideología política tienen un papel mucho más discreto de lo que sugieren algunos debates públicos. Los resultados también apuntan a dos factores especialmente decisivos: la religiosidad y la agresividad física.
Este estudio pionero parte de un contexto preocupante: pese a algunos avances legales, las personas LGBTIQ siguen sufriendo un nivel elevado de violencia y discriminación en Europa. Un informe reciente de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (2024) indica que un 64 % de las mujeres trans y un 63 % de los hombres trans han sufrido violencia motivada por el odio, y que los casos han aumentado respecto al último informe de 2019.
En el Estado español, tras el fuerte incremento registrado en 2022, los datos más recientes del Ministerio del Interior indican que en 2023 se contabilizaron 522 delitos de odio por orientación sexual e identidad de género, consolidándose como el segundo motivo más frecuente de delitos de odio en el país. Aunque en 2024 se registró un descenso global de los delitos de odio, los casos vinculados a LGTBIfobia siguen representando una parte muy significativa del total. Además, Cataluña se mantiene entre las comunidades autónomas con más casos registrados. Las cifras, según alerta el estudio, probablemente infravaloran el problema: denunciar sigue siendo un proceso difícil, especialmente para las personas trans, que a menudo deben exponerse nuevamente a entornos potencialmente hostiles.
333 voces para dibujar el mapa de la transfobia en Cataluña
Para entender qué perfil muestra más actitudes transfóbicas, el equipo recogió datos de 333 personas adultas de Tarragona, Barcelona y Lleida, de entre 18 y 65 años, aunque más de tres cuartas partes tenían entre 18 y 26 años. Un 69,1 % de las personas encuestadas se identificaban como mujeres, un 25,5 % como hombres y un 5,4 % como no binarias; el 4,8 % se definían como trans y casi el resto como cis.
En cuanto a la orientación sexual, un 66,4 % se declaraban heterosexuales, un 10,5 % gais o lesbianas y un 23,1 % bisexuales, con mayoría de residentes en entornos urbanos (82 %). En el eje ideológico predominaban las opciones “liberal” y “socialista”, con una parte importante de personas que se clasificaban en “otras” categorías.
Todas respondieron una batería de cuestionarios en línea que medían el grado de transfobia y de agresiones contra quienes no se ajustan a las normas de género, el estilo de toma de decisiones, el nivel de religiosidad, la empatía y diferentes formas de agresividad (física, verbal, ira, hostilidad).

Hombres y heterosexuales muestran niveles más altos de transfobia
Los datos son claros: los hombres presentan niveles significativamente más altos tanto de transfobia como de agresiones que las mujeres, con una diferencia notable en el caso de las actitudes transfóbicas. También puntúan más alto en agresividad física y verbal y más bajo en empatía, especialmente en la dimensión afectiva, es decir, la capacidad de compartir lo que siente la otra persona.
La orientación sexual también marca diferencias. Según el estudio, las personas heterosexuales muestran más transfobia que las bisexuales, mientras que no se observan diferencias significativas en el nivel de agresiones directas según orientación. La edad no se relacionó significativamente con la transfobia, y solo mostró una asociación mínima con las agresiones directas, mientras que la ideología política presentó diferencias sin patrones concluyentes.
Mayor religiosidad, más transfobia; mayor agresividad, más agresiones
Donde el estudio sí encuentra patrones claros es en la combinación de religiosidad, agresividad y empatía. Las personas con mayor religiosidad —medida por el grado de creencia, la frecuencia de culto y de oración y la importancia de Dios en la propia vida— presentan niveles significativamente más altos de transfobia y actitudes de acoso hacia personas trans o con expresiones de género no normativas. En los modelos utilizados en este estudio, la religiosidad aparece como el predictor más fuerte de estas actitudes.
La agresividad física y verbal también juegan un papel relevante. Valores más altos en agresividad física y verbal se asocian con más transfobia y la violencia física, además, es una de las variables que mejor anticipan las agresiones directas. De hecho, el modelo estadístico más completo muestra que la transfobia y la agresividad física explican cerca del 28 % de la variabilidad en las agresiones contra personas trans, con la transfobia como predictor principal.
La empatía actúa en sentido contrario: tanto la cognitiva (entender qué siente la otra persona) como, sobre todo, la afectiva (compartir ese sentimiento) se relacionan con niveles más bajos de transfobia y agresiones. Las personas menos capaces de emocionarse con el sufrimiento ajeno son, según el estudio, más propensas a adoptar actitudes hostiles hacia las personas trans.
Clave para las políticas y la prevención
El estudio concluye que, si se quiere reducir la transfobia y las agresiones contra las personas trans, es necesario actuar sobre dos grandes frentes: la religiosidad y la agresividad, sin olvidar el refuerzo de la empatía. En el terreno religioso, apunta a la importancia de que las confesiones incorporen discursos explícitos contra la discriminación de las personas trans, dada la fuerte asociación entre religiosidad y actitudes transfóbicas.
“Los resultados no implican que la fe religiosa genere transfobia, pero sí señalan la necesidad de que los espacios religiosos se conviertan en entornos explícitamente comprometidos con la dignidad y la inclusión de las personas trans”, explica Jorge Dueñas, investigador del Departamento de Psicología de la URV que ha participado en la investigación. “La religión, como cualquier ámbito social, puede contribuir a reducir el estigma si promueve discursos claros contra la discriminación”, añade.
En cuanto a la agresividad, los autores insisten en la necesidad de incluir programas de gestión de la ira y de reducción de la violencia, especialmente física, en las estrategias de prevención. Estos programas, combinados con intervenciones educativas que fomenten la empatía afectiva, podrían reducir tanto el rechazo como la probabilidad de que este rechazo desemboque en agresiones. A pesar de las limitaciones —la muestra está concentrada en tres ciudades catalanas, con poca participación de personas trans y no binarias—, la investigación ofrece un mapa detallado de factores de riesgo y señala direcciones concretas para futuras políticas públicas y campañas de sensibilización.
Referencia bibliográfica: Dueñas, J.-M., Sánchez-Valiente, D., & Morales-Vives, F. (2026). Exploring Attitudes Toward Transgender Individuals: The Prediction of Transphobia and Gender-Bashing in Adults. Psychological Reports, 0(0). https://doi.org/10.1177/00332941261423119
