Reportaje

Bajo la sombra de la Luna

El eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 es un fenómeno excepcional, y la URV lo ha convertido en una oportunidad para divulgar la ciencia y explicarlo desde una mirada transversal que conecta disciplinas y formas de entender el mundo

Fotografía de un eclipse solar total tomada en Francia en 1999 por Luc Viatour. Creative Commons.

Paralelamente, investigadores e investigadoras de la URV han publicado artículos, han participado en ciclos de conferencias organizados conjuntamente con los ayuntamientos de Tarragona y Reus y han puesto su experiencia al servicio de un territorio que, durante unos minutos, será uno de los lugares más privilegiados del planeta. Asimismo, un pódcast impulsado por ComCiència, que se estrena el martes 14 de julio a través de Tarragona Ràdio y que podrá escucharse en las emisoras de La Xarxa, además de en las plataformas iVoox y Spotify, reúne todo este conocimiento en ocho episodios, uno por disciplina.

La casualidad perfecta que hace posible el eclipse total

De hecho, la coincidencia es tan extraordinaria que la ligera excentricidad de la órbita elíptica de la Luna basta para determinar si un eclipse será total o anular: cuando la Luna se encuentra en el punto más cercano de su órbita, su tamaño aparente es suficiente para cubrir completamente el Sol; cuando está en el punto más alejado, resulta ligeramente más pequeña y no llega a ocultarlo por completo. A ello se suma que «el plano de la órbita de la Luna no coincide exactamente con el plano en el que la Tierra orbita alrededor del Sol, de modo que la mayoría de los meses vemos pasar la Luna por encima o por debajo del Sol sin que se produzca ningún eclipse».

De la sombra de la Luna a los planetas de otras estrellas

Reordenación cognitiva, instinto social y evolución

Urbano Lorenzo, con sombrero, durante un taller práctico sobre el eclipse celebrado en el campus Catalunya.

La retina no duele cuando se quema, y es un problema

Lo que quema la retina no es la luz visible, sino la radiación ultravioleta y, sobre todo, la luz azul de alta energía, que penetran hasta los fotorreceptores de la fóvea —una zona de unos dos milímetros de diámetro en el centro de la retina— y provocan una quemadura fotoquímica irreversible. Romero insiste en dos errores habituales: creer que las nubes protegen (no lo hacen, los rayos ultravioleta atraviesan la nubosidad sin problemas) y pensar que mirar solo un momento no tiene consecuencias.

Un minuto y medio que el sector turístico debe aprovechar

Lo primero que subraya es que el impacto será profundamente asimétrico: la franja de totalidad atraviesa el país en diagonal por el Camp de Tarragona, las Terres de l’Ebre y el Segrià, y fuera de esta franja el fenómeno económico prácticamente no existirá. Dentro, en cambio, habrá un auge de la demanda turística concentrado en muy poco tiempo, con un perfil de visitante que el investigador del Departamento de Economía describe como relativamente culto y con capacidad de gasto: no el turismo de sol y playa habitual, sino personas que han planificado el desplazamiento específicamente para ver el eclipse. El problema es que todo esto ocurre en plena temporada alta, cuando los hoteles ya están prácticamente llenos, lo que limita la capacidad de absorción de nueva demanda.

La movilidad es, para Arauzo, el reto más serio. La afluencia puede ser escalonada —habrá quienes lleguen unos días antes—, pero la salida será masiva y simultánea, como cuando termina un gran partido de fútbol. Las administraciones tendrán que cerrar accesos a puntos de observación con aforo limitado, gestionar servicios sanitarios y de emergencias y prever los riesgos de incendio forestal que implica concentrar a miles de personas en entornos naturales durante el mes de agosto. Arauzo añade una variable que pocas previsiones contemplan: si ese día hay tormenta —algo no inusual durante la primera quincena de agosto—, el impacto económico puede desvanecerse en cuestión de horas.

El Sol devorado: de los mitos a la primera explicación racional

Carlos García, Urbano Lorenzo y Jesús Carruesco en una de las charlas divulgativas, en el Centro Cívico Gregal de Reus.

Miedo, poder y cultura

En el refranero, el principio es claro —«Señales en el cielo, trabajos en la tierra»— y una paremia del Véneto lo concreta todavía más: «El eclipse, sea de Sol o de Luna, frío trae y nunca buena fortuna». Las gallinas volvían al corral y dejaban de poner huevos, las plantas medicinales perdían sus propiedades, el pan no subía, el vino se echaba a perder. Joan Amades, el gran folclorista catalán, recogió también la creencia muy extendida de que, si una mujer embarazada se tocaba la barriga durante un eclipse, el niño podía nacer con una mancha o una marca corporal. Samper subraya que todas estas creencias comparten la misma lógica de fondo: cuando el Sol se oculta, las propiedades naturales de las cosas se alteran.

De la crucifixión al dólar: el eclipse como metáfora en el arte

El telescopio, para quien disponga de uno, es una buena manera de seguir el eclipse del 12 de agosto.

A partir de ahí, Buttà muestra cómo diversos artistas incorporaron eclipses reales o simbólicos a sus obras. Rafael probablemente se inspiró en el eclipse del 8 de junio de 1511 para pintar el encuentro de Isaac y Rebeca, mientras que Rubens situó un eclipse en formación en el cielo de El descendimiento de la cruz para acentuar el dramatismo de la muerte de Cristo. Ya en el siglo XIX, los pintores románticos convirtieron el eclipse en un recurso lumínico dentro de grandes paisajes, mientras que los simbolistas lo utilizaron para explorar los efectos de la luz nocturna sobre las multitudes.

El recorrido culmina con dos obras del siglo XX que ejemplifican nuevos usos del fenómeno. En una pintura de Georg Grosz de 1926, ambientada en la República de Weimar, políticos sin cabeza escuchan el discurso de un demagogo mientras un burro, símbolo de la población, engulle periódicos y noticias falsas. El eclipse que oscurece el cielo no lo provoca la Luna, sino un dólar: una metáfora del poder económico. En cambio, Roy Lichtenstein convierte el eclipse en un icono pop, abstracto y accesible.

Print Friendly, PDF & Email