Reportaje

Hacia una universidad inclusiva

Cada vez más estudiantes con condiciones de diversidad recurren al área de Diversidades de la URV, que ofrece apoyo estructurado a la comunidad universitaria para garantizar la igualdad de oportunidades.

Casi el 2% del estudiantado de la URV tiene un grado de discapacidad reconocido y solo una pequeña parte solicita adaptaciones. Sin embargo, el número de casos sin certificado oficial pero con diagnósticos es relevante. La reestructuración del área de Diversidades en el curso 2024-25 y el hecho de que cada vez más estudiantes la conocen explican el incremento de personas atendidas: 70 en el curso 2023-24; 99 en 2024-25 y 151 de septiembre a abril de este curso 2025-26. Esto supone un aumento del 50% en menos de un año.

Belén Roda, responsable de esta área de la Oficina de Igualdad y Compromiso Social, explica que el punto de inflexión es atribuible precisamente a la reorganización del servicio y a las acciones de sensibilización que lleva a cabo para llegar a toda la comunidad, como el programa que han preparado para mayo, el mes europeo de las diversidades, con actividades en diferentes campus y que se puede consultar en la agenda.

Un lugar de encuentro

Estudiants que formen part del Meetup! en una de les sessions.


Este curso se ha puesto en marcha el Meetup!, un espacio de acogida para el estudiantado con condiciones del neurodesarrollo. El programa, conducido por dos psicólogas, les permite dotarse de herramientas para los estudios y para la vida universitaria, al tiempo que refuerzan vínculos.

El perfil de personas que atienden específicamente desde Diversidades es poliédrico, pero la mayoría presenta condiciones del neurodesarrollo (23,84%, dislexia; 20,53%, trastorno por déficit de atención, y 15,23%, trastorno del espectro autista). No obstante, en los últimos años, y especialmente este curso, ha habido un aumento del porcentaje de personas atendidas por cuestiones relacionadas con la salud mental (10,10% el curso pasado y 17,88% en este 2025-26).

Las necesidades pueden ser también diversas y, cuando requieren adaptaciones, pueden consistir en intervenciones en instalaciones e infraestructuras, una reducción del número mínimo de créditos de los que debe matricularse el estudiante o ajustes razonables en las asignaturas, como metodologías, evaluación o recursos disponibles.

La reestructuración del área de Diversidades marca, por tanto, un antes y un después en la atención al colectivo de estudiantes con diversidades. Más allá de garantizar derechos, el área contribuye a construir una universidad más humana, que reconoce la pluralidad de sus miembros.

Esta mirada transversal debe impregnar todas las políticas universitarias, tal como prevé la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), que obliga a todas las universidades a disponer de servicios específicos de atención a la discapacidad e implementar políticas activas de inclusión y antidiscriminación, desde el diseño de las titulaciones hasta los servicios de apoyo pedagógico, psicológico o profesional.

Ajustes curriculares

La aplicación práctica de las medidas varía según la necesidad, desde ofrecer tiempo extra para realizar los exámenes y permitir evaluaciones orales, hasta ajustar los plazos de entrega o facilitar apoyos para la organización de tareas.

Eva Morcelle, estudiante de tercer curso de Medicina y con la ilusión de ser pediatra, tiene diagnosticado TDAH. Obtuvo un 13 en la selectividad, una muestra de su esfuerzo y perseverancia. “Soy muy hiperactiva y la cabeza me va a mil por hora. Me cuesta concentrarme. Con la medicación me encuentro bien, pero no es suficiente para sacar adelante los estudios”, explica. Le resulta difícil leer y, por ello, elabora sus apuntes adaptados.

“La universidad hace su trabajo y tengo a mi alrededor personas que lo entienden y me apoyan, pero la sensibilización debe llegar a más gente”

Eva Morcelle

“Como adaptaciones, tengo 25 minutos más en los exámenes y los textos deberían presentarme con letra e interlineado más grandes, pero de esto último no siempre se acuerdan los profesores”. Eva cree que una medida que ayudaría mucho sería que el profesorado compartiera los apuntes que utilizan para dar clase en formato PDF o presentaciones. Destaca también que los profesores conocen sus necesidades desde que empieza el cuatrimestre, pero considera que la sensibilización debería llegar a más personas.

Y este es el trabajo en el que se está centrando el personal del área de Diversidades. De hecho, más que centrar los esfuerzos en realizar ajustes individualizados en función del diagnóstico del estudiante, las universidades como la URV trabajan a partir de los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje. Es decir, diseñar un currículo de enseñanzas accesible para todo el alumnado, sin barreras de aprendizaje, de manera que no sean necesarias adaptaciones individuales posteriores.

Por ello, este curso el área de Diversidades y el Instituto de Ciencias de la Educación de la URV han comenzado a trabajar conjuntamente para formar al profesorado y poner en marcha próximamente un curso virtual de autoaprendizaje sobre el Diseño Universal para el Aprendizaje y la inclusividad en las aulas.

De hecho, en la Universitat Rovira i Virgili ya existe un equipo de profesoras especialistas en educación inclusiva, como Núria Voltas, Paula Hidalgo y Tània Molero, que, con el apoyo del área de Accesibilidad Digital del Servicio de Recursos Educativos, imparten una formación específica sobre estudiantado con dislexia, TDAH y TEA al profesorado de la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología.

La mediación de la tecnología

Para que la educación sea accesible para todo el mundo a veces puede requerir el acceso a tecnología, como es el caso de Jade Campos, que tiene sordera bilateral profunda (46% de discapacidad reconocida) y cursa el grado en Enfermería. Gracias a los implantes cocleares puede seguir las clases, ya que los profesores llevan micrófono y los implantes se sincronizan a través de Bluetooth.

Al llegar a segundo, sin embargo, tuvo que enfrentarse a una gran barrera para seguir las clases prácticas: se dio cuenta de que no podía utilizar el estetoscopio, una herramienta fundamental para la auscultación e imprescindible en el día a día de la enfermería.

«Fue emocionante probar el estetoscopio por primera vez»

Jade Campos

“Me quedé descolocada. No me lo esperaba, no lo había previsto. No funcionaba y no oía nada”, explica. Lo comentó con la coordinadora del grado y lo trasladaron a la unidad de Accesibilidad Digital del Servicio de Recursos Educativos, que, en coordinación con el área de Diversidades, le puso a su disposición un estetoscopio digital.

Este aparato convierte los sonidos en señales electrónicas y se pueden analizar y compartir a través de una aplicación móvil, que la estudiante puede escuchar directamente en sus implantes. “Fue emocionante probar el aparato por primera vez. Recuperé y me puse al nivel de mis compañeros”, explica satisfecha.

Sin barreras físicas

La URV trabaja para que las barreras de acceso a los equipamientos puedan eliminarse. Entre las estudiantes que han vivido este proceso se encuentra Verónica Gutiérrez, de Trabajo Social, con ceguera total, que recuerda con claridad sus inicios en la universidad: “El primer día estaba muy asustada. Había ido varias veces acompañada al campus Catalunya para conocer el espacio, pero es muy grande y me faltaban referencias para situarme. Esta cuestión se prolongó durante el primer año”. Sin embargo, gracias a las reuniones con la coordinadora del grado y al apoyo de Diversidades, se instalaron bandas podotáctiles en el campus para facilitar la orientación.

“Es un avance importante, el área de Diversidades hace un buen trabajo, están muy pendientes. Pero desde mi perspectiva las cosas avanzan muy lentamente, demasiado”, explica.

«Las bandas podotáctiles que hay en el campus me sirven a mí y a cualquiera»

Verónica Gutiérrez
Verónica Gutiérrez, estudiant, al campus Catalunya.

De forma gradual se van implementando mejoras: la disponibilidad de sillas de ruedas en todos los campus, la incorporación de rampas en las instalaciones, como la del Centro Internacional, el cambio de sistemas de apertura o la adquisición de materiales como varias mesas elevables, que son especialmente útiles para personas con movilidad reducida.

Una de las usuarias es Hanane Riyani, psicóloga y estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria: “Disponer de esta mesa no es solo una cuestión de comodidad, es una cuestión de accesibilidad real porque me permite estudiar con autonomía, adaptar el espacio a mis necesidades y, sobre todo, estar en igualdad de condiciones con el resto de estudiantes. Porque si el entorno se adapta, la discapacidad deja de ser una barrera, y eso no solo mejora el rendimiento académico, también la sensación de formar parte de este espacio”.

El CRAI fue el primer servicio de la Universidad en implementar mejoras que favorecieran el acceso al conocimiento de todas las personas con independencia de si tenían condiciones específicas. Montse Olivé, jefa de sección de Gestión de Servicios a los Usuarios, explica que hasta 2018 iban resolviendo las peticiones de los usuarios a medida que las recibían, pero se dieron cuenta de que esto no era suficiente y crearon un equipo de trabajo para dar una respuesta homogénea y unificada a los ocho CRAI de campus.

“Primero nos centramos sobre todo en garantizar el acceso físico al CRAI, pero era necesario que todo el mundo pudiera acceder a los recursos documentales y a los servicios que ofrecemos desde el CRAI”.

Otro momento de cambio se produjo cuando un grupo de estudiantes del programa Inserlab trabajó en el CRAI y comprobó que había que dar un paso más hacia la accesibilidad cognitiva. Por ello se sustituyó la cartelería y se documentaron los procedimientos e instrucciones de forma más visual, entre otras actuaciones. Todos los recursos se recogen en la guía del CRAI inclusivo y, tal como se ha incluido en el Plan estratégico del CRAI 2024-27, tienen en cuenta los principios de igualdad, inclusión y respeto a la diversidad en todo lo que hacen.

Sin barreras digitales

La accesibilidad, no obstante, no es completa si la documentación y los servicios digitales tampoco son accesibles. “Utilizamos recursos digitales en todo momento —apunta Tàrek Lutfi, responsable de Accesibilidad Digital del Servicio de Recursos Educativos—, por eso, del mismo modo que no nos resulta extraño ver una rampa en un edificio, tampoco debería serlo la accesibilidad digital”.

Se trata de todo el conjunto de prácticas de diseño y desarrollo que hacen posible que webs, aplicaciones y contenidos digitales sean utilizables y comprensibles para todo el mundo: uso de títulos que estructuren, tipografía legible con un tamaño suficiente, buen contraste o subtítulos en el material audiovisual.

El Plan de Inclusión y Diversidad


En febrero de este año, el Consejo de Gobierno aprobó el Plan de Inclusión y Diversidad de la URV (PIDURV), que consta de cinco ejes con acciones destinadas a garantizar la igualdad de oportunidades y la no discriminación, promover una cultura inclusiva con perspectiva de género y enfoque interseccional, asegurar la calidad del aprendizaje en entornos diversos y reforzar la responsabilidad institucional y la transparencia. El documento también pone el acento en la adaptación a los entornos digitales y en la protección de la confidencialidad, con el objetivo de convertir la URV en un espacio seguro, accesible y respetuoso con todas las identidades, diversidades y demás circunstancias.

Verónica Gutiérrez es una de las personas que utiliza herramientas de lectura inmersiva, por lo que el software debe ser compatible. Por ejemplo, señala el programa de matriculación como un punto de mejora: “Hay un tiempo limitado y no está adaptado a las aplicaciones que utilizamos las personas con ceguera”, así como también incide en la necesidad de que el profesorado cree actividades y recursos digitales accesibles en el Campus Virtual, un entorno cada vez más accesible.

Poco a poco, pues, se llevan a cabo actuaciones que deben revertir la discriminación y el área de Accesibilidad Digital es una referencia y un apoyo tanto para el profesorado y el personal de gestión como para el estudiantado. Así, a los primeros les ofrece formación, revisión y propuesta de mejoras de recursos del aula virtual y, para los segundos, acompañamiento en el uso de herramientas digitales, sesiones de sensibilización, también en asignaturas específicas, y adquisición de tecnologías y productos de apoyo. Es el caso del estetoscopio que utiliza Jade Campos, ratones ergonómicos u ordenadores con software para personas con diversidad.

“Siempre hay cosas que hacer y nunca se es plenamente inclusivo”, apunta Montse Olivé. Y es que “una universidad inclusiva es aquella que piensa desde el principio en la diversidad, no la que se adapta después —dice Hanane Riyani— porque la inclusión no es un extra, sino la base para que todas las personas puedan formar parte de la comunidad universitaria”.

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