El informe, que este 12 de marzo se ha puesto en común con entidades del territorio con el fin de seguir trabajándolo teniendo en cuenta su punto de vista, parte de una definición clara de impacto social de la investigación, que se produce cuando los resultados científicos, una vez transferidos y aplicados, generan avances verificables para la sociedad, ya sea en forma de mejoras en la salud, la educación, las políticas públicas o las prácticas profesionales. En este sentido, el documento subraya que el impacto social va más allá de la simple difusión o transferencia de conocimiento, ya que implica cambios reales en la vida de las personas.
Para analizar este impacto, el modelo propone tener en cuenta tres momentos del proceso investigador: antes del inicio del proyecto (evaluación ex ante), durante el desarrollo de la investigación (in itinere) y una vez finalizado el proyecto (ex post). El informe pone un énfasis especial en esta última fase, ya que es la que permite aportar evidencias objetivas sobre los resultados sociales alcanzados a partir de la investigación universitaria.
La propuesta también se inspira en diversos modelos internacionales de evaluación del impacto de la investigación, como los sistemas utilizados en el Reino Unido, Australia o Canadá, así como en los programas de investigación europeos. Estos modelos combinan indicadores cuantitativos y cualitativos, y utilizan estudios de caso, testimonios o narrativas de impacto para documentar los cambios sociales generados por la investigación. La idea es que el informe elaborado por la URV sirva de modelo para otras instituciones del territorio y más allá.
En el caso de la URV, el sistema planteado se estructura en tres fases principales: la recogida de evidencias de impacto (informes, encuestas, métricas cuantitativas…), la evaluación de estos datos por parte de un comité interdisciplinario con participación de agentes externos y, finalmente, la devolución y la difusión de los resultados a la comunidad universitaria y a la sociedad. Este proceso pretende fomentar una cultura institucional del impacto y mejorar la rendición de cuentas de la universidad ante la ciudadanía.
Para medir el impacto social de manera sistemática, el informe propone cuatro grandes dimensiones de análisis, que establecen indicadores a corto, medio y largo plazo y en las que es necesario describir los cambios generados por el proyecto en cuestión más allá del ámbito académico: el impacto directo en las personas y las políticas públicas; el impacto colaborativo con agentes sociales e institucionales; el impacto territorial y la sostenibilidad en el tiempo, y el impacto cultural y de reconocimiento social. Con este sistema, la URV quiere disponer de una herramienta estable para evidenciar la contribución real de la investigación universitaria al desarrollo social, económico y cultural del territorio.