13/02/2026

Respuestas expertas a la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años

Investigadores de los ámbitos de la ingeniería informática, la pedagogía y la psicología de la URV responden preguntas clave sobre la regulación de las redes sociales para niños y adolescentes y los efectos del consumo acrítico de contenido tras el anuncio del gobierno español de prohibirles el acceso

Adolescentes hacíendose una foto con el móvil. FOTO: RDNE Stock project.

Josep Domingo, investigador del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas

¿Es técnicamente viable controlar la edad real de los usuarios en las redes sociales?

Técnicamente es posible. Hay diferentes medidas y maneras de hacerlo: desde fiarse de lo que dice el usuario, que sería el caso más débil, hasta el otro extremo, en el que la red pida los documentos para hacer la identificación. Pero también hay situaciones intermedias, con terceras partes de confianza que comprobarían que la persona es mayor de dieciséis años.

¿Cuáles son los sistemas más fiables para el control de la edad y qué riesgos de privacidad tienen?

Es necesario distinguir entre fiabilidad y privacidad porque cualquier verificación de la edad implica cierto riesgo para la privacidad. Por lo tanto, hay que limitarse estrictamente a aclarar si la persona tiene dieciséis años o más o no; pero no intentar recopilar datos que vayan más allá de eso porque resulta innecesariamente invasivo.

Por ejemplo, sería muy fiable para comprobar la identidad si la red pide cargar el DNI del usuario y lo escanea, pero, en cambio, esto pone muchos datos en manos de la red, como el nombre, los nombres de los padres o dónde vive la persona.

Otra manera que se ha encontrado es utilizar terceras partes de confianza, como el gobierno o la compañía de telecomunicaciones con la que el usuario tiene contratada la fibra óptica. Estas terceras partes se encargarían de hacer la verificación y luego pasarla a la red.

Hay tecnologías criptográficas que permitirían demostrar si alguien es mayor de dieciséis años, pero hace falta un despliegue que no existe

También hay tecnologías avanzadas, criptográficas, que permitirían demostrar solo que eres mayor de dieciséis años, pero hace falta toda una infraestructura que las redes no tienen, y sería necesario que los usuarios dispusieran de lo que se llaman credenciales por atributos (identificadores digitales seguros que certifican características específicas de un usuario, como la edad, sin revelar la identidad completa). Pero a día de hoy no disponemos de ellas. Sería técnicamente posible pero requeriría un despliegue que no existe.

¿Crees que las plataformas están dispuestas a aplicar estos controles?

Ya se ha visto en las reacciones de Elon Musk (propietario de X) y Pável Dúrov (propietario de Telegram) que no les gusta; las plataformas no están dispuestas a pasar fácilmente por el aro. Pero, aunque refunfuñen y protesten, tendrán que hacerlo porque la Unión Europea y los Estados tienen medios coercitivos suficientes. Pueden imponer multas que son proporcionales a la facturación mundial de las empresas de las redes.


Oriol Ríos, investigador del Departamento de Pedagogía

¿Consideras que la prohibición permitirá reducir el acoso?

Debemos esperar a ver los efectos, pero los datos apuntan a que ha aumentado el ciberacoso y esto está totalmente ligado al uso de las redes sociales y los móviles.

Lo que falta es hacer una formación crítica a los adolescentes sobre el uso de estas redes y posicionarse también en el entorno virtual contra el acoso. Y eso significa apoyar a la víctima. Es decir, si hay un ciberacoso, en lugar de alimentarlo, que sea una herramienta de activismo en favor de la víctima.

¿Cómo pueden afectar a los menores los discursos de odio, la desinformación o la estandarización de los cuerpos normativos?

Cuando hay un consumo acrítico de las imágenes que miran, de los influencers que siguen, de los cuerpos que ven, los menores intentan compararse y no hacen un análisis crítico ni ético. Y lo que dice la investigación es que es necesario hacer una alfabetización digital con espíritu crítico, que pueda generar conciencia sobre lo que consumen para que no les afecte de la manera que lo hace. Una de las recomendaciones es que esta alfabetización sea proactiva y que los mismos adolescentes creen contenido desde esta perspectiva crítica y ética.

Por lo tanto, los maestros y el profesorado debemos formarnos en la utilización de las herramientas digitales de manera crítica para crear esta conciencia, y cuando los adolescentes vean un mensaje o unas imágenes determinadas puedan hacer esta reflexión.

¿Qué formación y preparación deberían recibir los menores en relación con el uso de las redes sociales y el móvil?

Debe ser una formación continuada sobre la utilización y el acceso a estas tecnologías, no un taller de un día con un especialista, porque si no, el impacto es muy pequeño. Hay muchas investigaciones que apuntan que vincular esto a una educación socioemocional también ayuda a crear ese espíritu crítico y ético.

Cuando favorecemos el espíritu crítico, creamos factores de protección para que los menores puedan elegir mejor

La educación debe crear ciudadanía activa, pero debido a la tecnificación de la educación y la introducción de las tecnologías, nos hemos basado más en la técnica. Lo que dice la investigación es que debemos combinarlo, y esto lo podemos hacer con una pedagogía más crítica, para saber qué nos están vendiendo, qué empresas hay detrás, qué ideologías fomentan los discursos de odio y contextualizarlo en el capitalismo. Y cuando fomentamos ese espíritu crítico, también creamos factores de protección porque los menores pueden elegir mejor qué redes sociales utilizan, qué contenidos quieren consumir y qué influencers y streamers pueden seguir.


Joan Boada-Grau, investigador del Departamento de Psicología

¿Cuáles son los principales perjuicios psicológicos por el consumo de redes sociales que hacen los menores de dieciséis años?

Yo no solo hablaría de los menores de dieciséis años, sino, en general, de personas que no tengan suficiente madurez para controlar el uso de las redes sociales. Obviamente, uno de los perjuicios sería la dependencia psicológica de las redes sociales y que este mundo virtual esté absolutamente presente en detrimento del mundo real y de la realidad. Pero también, especialmente en los adolescentes, fenómenos como el ciberacoso, contenidos pornográficos que no son adecuados, la incitación a retos inalcanzables y una tendencia al incremento de ludopatía, especialmente ludopatía por internet.

¿Hay un antes y un después en la incidencia de afectaciones en la salud mental de los adolescentes desde la aparición de las redes sociales?

Ya empieza a haber investigaciones científicas que avalan cuáles son los perjuicios del uso y el abuso de las redes sociales. Por lo tanto, sí podríamos decir que empieza a haber una afectación negativa.

Tenemos ejemplos de distorsiones, de cómo la realidad virtual está transformando la realidad vivida

Por ejemplo, fijémonos en un fenómeno como el FOMO (miedo a perderse algo, por sus siglas en inglés fear of missing out): los adolescentes consideran que si no están en las redes sociales se están perdiendo cosas que son muy relevantes; en cambio, no dan importancia a pasear, hacer deporte o ir a la playa. Esto sería un ejemplo de la aparición de una distorsión en la salud mental; es decir, de cómo la realidad virtual está transformando la realidad vivida por nosotros.

¿Existe una manera diferente de socializar a la que había antes de las redes sociales?

Es muy evidente. Anteriormente, la socialización recaía mucho en las familias, por ejemplo, y era una socialización más experiencial del día a día. Actualmente, la socialización de los niños y las niñas adolescentes es mucho más virtual, sin la posibilidad de que los padres y la familia puedan controlar —que no digo prohibir— cuáles son los contenidos que la familia cree que deberían ver, estudiar, visualizar, etcétera.

¿Cómo afecta el uso excesivo de pantallas a la atención, el estudio o el rendimiento académico?

Si se hace un uso pedagógico de las pantallas, de internet, de la virtualidad, evidentemente puede ser bueno y no podemos negar este fenómeno de transformación tecnológica en la enseñanza y en la sociedad. Ahora bien, un uso abusivo sí hace perder el razonamiento cognitivo y el espíritu crítico. Por ejemplo, en este momento ya empieza a haber investigaciones serias en las que se considera que la inteligencia artificial produce una reducción de las capacidades cognitivas de los estudiantes y de la población general.

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