30/10/2026

Marina Gómez de Quero Córdoba y Jenifer Malumbres, investigadoras del Departamento de Enfermería de la URV

Per què ens costa tant parlar de la mort (i com començar a fer‑ho millor)

Coincidiendo con la celebración de Todos los Santos, este artículo propone una reflexión sobre la relación con la muerte, las dificultades para hablar de ella abiertamente y la importancia de hacerlo con naturalidad, sensibilidad y respeto

Foto: RDNE Stock project
Foto: RDNE Stock project

¿Qué ocurre cuando evitamos hablar de la muerte en una sociedad en la que, inevitablemente, forma parte de la vida? Lo que sabemos con seguridad es que, desde el día en que nacemos, tendremos un final. Y no solo nosotros: todo el mundo.

A pesar de ser una experiencia universal, la muerte sigue siendo un tema tabú. A menudo se oculta, se evita o se trata con incomodidad, tanto en el ámbito familiar como en el social e, incluso, en contextos profesionales como el sanitario.

Esta falta de conversación no solo limita la comprensión del final de la vida, sino que también puede aumentar el miedo, el desconocimiento y la dificultad de acompañar a otras personas en momentos críticos.

Cuanta más conversación, menos miedos

Diversas investigaciones han señalado que la dificultad para hablar de la muerte puede generar inseguridad, distancia emocional y falta de herramientas para afrontar situaciones complejas, tanto en la vida cotidiana como en la atención sanitaria. Abrir espacios de diálogo se convierte, así, en una cuestión no solo cultural, sino también de salud emocional y colectiva. Cuando la muerte deja de ser un tema evitado y se convierte en una conversación compartida, se producen cambios significativos.

En un estudio realizado recientemente, analizamos qué ocurre cuando las personas disponen de un espacio seguro para hablar de ello. Los resultados muestran que expresar pensamientos y emociones sobre la muerte ayuda a reducir el miedo y los prejuicios. Compartir experiencias y escuchar las de los demás permite normalizar una realidad a menudo silenciada y facilita una comprensión más serena del final de la vida.

Este proceso es relevante no solo para los profesionales sanitarios, sino para cualquier persona. Hablar de la muerte nos prepara para afrontar pérdidas, tomar decisiones y acompañar a los demás con mayor seguridad y empatía.

El aprendizaje también es emocional

Durante mucho tiempo, nuestra sociedad ha priorizado una aproximación racional a la muerte, dejando a menudo de lado su dimensión emocional. Sin embargo, convivir con la finitud implica gestionar emociones complejas: miedo, tristeza, incertidumbre o incluso alivio.

Los estudios científicos citados muestran que los espacios de conversación sobre la muerte generan una sensación de liberación emocional. El hecho de compartir inquietudes y reflexiones en grupo actúa como apoyo colectivo y favorece procesos de reflexión profunda.

Otras investigaciones apuntan en la misma dirección: estos espacios contribuyen al crecimiento personal, aumentan la conciencia sobre la vida y la muerte y fomentan la empatía. En definitiva, no se trata solo de entender la muerte, sino de aprender a estar con los demás ante esta realidad.

‘Muerte’ no implica necesariamente ‘tristeza’ o ‘desesperanza’

En este contexto, en el que la muerte a menudo se mantiene en un segundo plano o se trata con incomodidad, han surgido iniciativas que buscan revertir el silencio y generar espacios de conversación abierta y segura.

Un ejemplo especialmente significativo son los llamados Death Cafés: encuentros informales en los que las personas se reúnen para hablar sobre el final de la vida en un ambiente relajado, sin objetivos terapéuticos definidos ni estructuras rígidas.

Su sencillez es una de sus grandes fortalezas. Se crea un espacio horizontal en el que todas las voces tienen el mismo valor. Este formato pone de manifiesto una idea clave: cuando desaparecen el juicio y las dinámicas de poder, la conversación fluye de manera natural.

Hablar de la muerte no implica necesariamente tristeza o desesperanza. En estos espacios, muchas personas encuentran por primera vez la oportunidad de expresar pensamientos, miedos o curiosidades sobre la muerte que, en otros contextos, quedarían silenciados. Esto favorece la expresión emocional y contribuye a normalizar un tema que forma parte intrínseca de la vida. Se trata de compartir experiencias sin juzgar qué está bien o qué está mal.

Cómo empezar una conversación sobre la muerte

A partir de los aprendizajes de los Death Cafés, se pueden extraer algunas ideas prácticas que pueden ayudar a las personas a introducir este tema en la vida cotidiana. Por ejemplo, una manera sencilla de empezar una conversación puede ser a partir de una experiencia compartida o de un estímulo externo, como una película, una noticia o la pérdida de una figura pública.

Frases como “He estado pensando en cómo afrontamos la muerte como sociedad” o “¿Te has planteado alguna vez cómo te gustaría que te recordaran?” pueden abrir la puerta a un diálogo natural sin resultar invasivas.

Entonces, es útil utilizar expresiones que ayuden a desdramatizar el tema, como “No hace falta tener todas las respuestas, pero puede ser interesante compartir lo que pensamos”. Este tipo de lenguaje favorece un ambiente de confianza y reduce la presión sobre la otra persona.

Para aquellas personas que trabajan en el ámbito sanitario o de atención a las personas, estas estrategias pueden ser especialmente relevantes. Introducir la conversación con sensibilidad, escuchar activamente sin interrumpir ni juzgar y validar las emociones de la otra persona son habilidades fundamentales.

Normalizar la conversación sobre la muerte no implica eliminar su componente emocional, sino integrarlo dentro de una narrativa compartida emocionalmente.

Prepararnos para cuidar mejor: el caso del personal sanitario

Promover el diálogo sobre la muerte tiene implicaciones importantes en múltiples ámbitos. En el sistema sanitario, ayuda a mejorar la comunicación con pacientes y familias, así como la capacidad de acompañamiento al final de la vida.

En el ámbito personal y comunitario, nos permite afrontar las pérdidas con más recursos y menos miedo. También facilita una actitud más empática y comprensiva. En una sociedad a menudo centrada en evitar el sufrimiento, pero no siempre preparada para comprenderlo, estas competencias son esenciales.

Hablar de la muerte desde la comunidad

Hacer preguntas abiertas a nuestros familiares para que nos indiquen sus voluntades puede ser beneficioso para empezar el diálogo.

La muerte sigue siendo un tema tabú, pero evitarlo aumenta el miedo y el desconocimiento.

Animamos a abrir temas de conversación con nuestros seres queridos en relación con ello, porque, tratándolo con respeto, podemos abordarlo.The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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