19/10/2026
Respuestas expertas sobre los episodios de lluvias torrenciales cada vez más frecuentes e intensos
Investigadores e investigadoras de distintas disciplinas de la URV responden a preguntas clave sobre las causas y las consecuencias de la proliferación e intensificación de los episodios de lluvias torrenciales en el territorio, las infraestructuras y las personas

Investigadores e investigadoras de distintas disciplinas de la URV responden a preguntas clave sobre las causas y las consecuencias de la proliferación e intensificación de los episodios de lluvias torrenciales en el territorio, las infraestructuras y las personas
Javier Sigró, investigador del Departamento de Geografía
Es miembro del Centre for Climate Change (C3) de la URV y experto en la génesis de los fenómenos meteorológicos y su relación con el calentamiento global.
¿Cómo se producen estas tormentas tan extremas?
Se producen cuando hay inestabilidad atmosférica, y existen varios mecanismos. El más conocido quizá sea la típica DANA, que nos trae aire frío en altura. Si, además, tenemos aire caliente en superficie, se produce un enfriamiento, un crecimiento de las nubes y, en consecuencia, precipitaciones que pueden ser importantes y de carácter convectivo.
¿Son difíciles de predecir?
Es relativamente fácil predecir cuándo se dan condiciones de inestabilidad atmosférica, es decir, cuándo existen las condiciones para que se produzcan tormentas importantes. Lo que resulta más difícil de predecir es en qué momento y dónde se producirán, así como su persistencia. Este tipo de comportamiento es, por naturaleza, bastante caótico.
¿Estas lluvias torrenciales son las de toda la vida, la tradicional gota fría, o está cambiando algo?
En el Mediterráneo tenemos una larga trayectoria de fenómenos con precipitaciones de gran intensidad, pero estas situaciones se producen ahora de forma más intensa. Para que se produzcan lluvias torrenciales de este tipo, debe haber inestabilidad atmosférica, aire frío en altura y un mar Mediterráneo cada vez más cálido, que suministra humedad y energía a estos fenómenos y hace que sean más virulentos. Si, además, la circulación atmosférica es débil, el conjunto de núcleos tormentosos se desplaza muy lentamente, de modo que la elevada intensidad de las precipitaciones se concentra en un mismo territorio y provoca acumulaciones de agua muy importantes. En definitiva, se dan una serie de condiciones que históricamente han hecho que en el Mediterráneo se produzcan lluvias torrenciales importantes y que se agravan con el cambio climático. En algunas de las tormentas más intensas se ha llegado a hablar de una intensificación de alrededor del 20 % debido al cambio climático.
Jordi Toda, investigador del Departamento de Ingeniería Mecánica
Físico, meteorólogo y docente de la URV, trabaja como técnico de predicción y vigilancia en el Servei Meteorològic de Catalunya.
¿Cómo se predicen estos fenómenos que estamos viviendo últimamente?
La base de la predicción meteorológica moderna son los modelos numéricos de predicción. Estos modelos se actualizan diariamente para todos los campos de la predicción meteorológica (precipitación, viento, humedad, etc.), a partir de los cuales podemos elaborar el pronóstico del tiempo. Sin embargo, una de las características de estos modelos es que proporcionan datos fijos para cada uno de sus campos, mientras que una predicción meteorológica debe expresarse en términos de probabilidad. En definitiva, obtenemos una probabilidad de que se produzca un fenómeno con determinadas características.
¿Han mejorado estos modelos en los últimos años?
Sí. Una predicción a cinco días vista es ahora mucho mejor que la de hace 25 años. A dos o tres días vista, la fiabilidad de estos modelos alcanza más del 70 %, el 80 % e incluso el 90 %. La fiabilidad es muy buena. Sin embargo, es cierto que nunca podremos alcanzar una probabilidad del 100 %. Nunca tendremos la certeza absoluta de que un fenómeno vaya a producirse en un lugar determinado ni podremos saber exactamente cuáles serán sus consecuencias.
Por tanto, la incertidumbre forma parte de la predicción, ¿no?
Correcto. La incertidumbre es inherente a la predicción. Muchas veces la gente confunde incertidumbre con desconocimiento, pero no son exactamente lo mismo. Desconocimiento significa no saber qué ocurrirá. Ante una predicción meteorológica, nosotros tenemos una idea de lo que pasará. Lo que no podemos concretar con exactitud es cómo ocurrirá ni de qué manera se desarrollará. Por ejemplo, podemos predecir que habrá lluvias muy intensas en el Camp de Tarragona, pero no podemos determinar si se producirán en Tarragona, Constantí o Vila-seca. Si un pronóstico anuncia lluvias muy intensas en el Camp de Tarragona y finalmente estas caen en Vila-seca, pero no en Tarragona, el pronóstico es correcto, porque se encuentra dentro de los márgenes aceptables de incertidumbre, que no de desconocimiento.
¿Cómo podemos comunicar estas alertas de manera adecuada?
Uno de los objetivos de la predicción y la vigilancia meteorológicas es llegar adecuadamente al conjunto de la población para que pueda interpretar correctamente las alertas. En este sentido, creo que es necesario un gran esfuerzo pedagógico. Probablemente, los profesionales de la meteorología debamos contribuir a ello, por ejemplo, explicando qué es el riesgo. A menudo confundimos conceptos como riesgo, peligro y vulnerabilidad. Son términos que mezclamos y que quizá no acabamos de tener claros. El riesgo, por ejemplo, se basa en tres componentes: el peligro, la vulnerabilidad y la exposición. Si tengo una piscina de pirañas, el peligro es muy alto, pero si no me acerco a ella, no hay riesgo. En cambio, si meto la cabeza en la piscina y me expongo al máximo, el riesgo aumenta exponencialmente.
Ferran Grau, investigador de la Unidad Predepartamental de Arquitectura
Es miembro del Centre de Recerca Urbana del Camp de la URV y especialista en adaptación arquitectónica y urbana para responder a los efectos del cambio climático.
¿Cómo se pueden adaptar los edificios situados en entornos expuestos a lluvias torrenciales o tormentas extremas?
Lo primero que deberíamos hacer es analizar dónde está situado el edificio, es decir, entender su entorno y valorar si es necesario y posible actuar en él. Si está cerca de un torrente, hay que estudiar si se pueden construir elementos de contención para garantizar la seguridad. Después, centrándonos en el edificio, probablemente tendremos que revisar la cubierta y los sistemas de saneamiento, entre otros elementos, y comprobar en qué estado se encuentran para determinar si el edificio puede responder adecuadamente a un episodio de lluvias torrenciales. Actualmente, los sistemas de saneamiento no están preparados para este tipo de episodios y, por tanto, lo más probable es que las adaptaciones deban centrarse en la cubierta y el sistema de saneamiento, por ejemplo, aumentando el número de bajantes.
¿Cómo hay que actuar desde el punto de vista urbanístico?
Tenemos evidencias de que hemos construido en lugares donde no deberíamos haberlo hecho. Por eso, es muy importante tener una visión territorial antes de construir. Hay que entender por dónde circula el agua y evitar construir en esos espacios o en zonas pantanosas. Actualmente, pueden llevarse a cabo actuaciones muy concretas, como habilitar grandes depósitos para recoger el agua de lluvia, crear balsas de laminación o trabajar con sistemas urbanos de drenaje sostenible. También se puede estudiar cómo infiltramos el agua que llega de repente. Para ello, hay que analizar las características de las secciones del subsuelo y adaptar las soluciones de la mejor manera posible en función de cada punto de la ciudad.
Fàbia Morales, investigadora del Departamento de Psicología
Es miembro del grupo de investigación Innovacions Tecnològiques en la Mesura dels Trets Latents y su especialidad se centra en la psicología evolutiva y de la educación.
¿Cómo pueden afectar las alertas meteorológicas a las personas?
Ante estas situaciones, hay personas que tienen una mayor predisposición a sentir ansiedad. Hay que señalar que tenemos una visión muy negativa de la ansiedad, pero es una emoción que, en cierta medida, puede ser muy positiva, porque impulsa a la persona a actuar. De hecho, ante una alerta, es necesario que se genere suficiente ansiedad para que la persona se proteja y tome determinadas medidas. La cuestión es que no todas las personas son iguales y algunas tienen más dificultades para gestionar sus emociones. Estas personas pueden pasarlo muy mal, y esto puede afectar a las decisiones que toman e incluso llegar a paralizarlas.
¿Recibir alertas con mucha frecuencia puede hacer que la población relaje su reacción?
Esto puede provocar un efecto de habituación y hacer que, en algunas personas, disminuya la ansiedad adaptativa que deberían generar las alertas. Si perciben que en otras ocasiones han tomado precauciones y se han protegido, pero, por ejemplo, el chaparrón previsto no ha caído justo donde estaban, pueden llegar a pensar que quizá no hace falta protegerse tanto. Sin embargo, sí es necesario hacerlo, porque se trata de una cuestión de riesgo: el fenómeno puede afectar al lugar donde te encuentras o no, pero siempre debes protegerte por precaución. Por tanto, que las alertas generen cierta ansiedad no es negativo; es deseable.
¿Está relacionado con entender que la incertidumbre forma parte de la alerta?
Efectivamente, la incertidumbre debe formar parte de la alerta. Esta debe generar ansiedad en la medida en que una persona entiende que la situación puede afectarla. Siempre es mejor pecar de precavidos que tener problemas después por no haberse protegido lo suficiente.
Dani Miravet, investigador del Departamento de Geografía
Es especialista en gestión y planificación de la movilidad y en sistemas de transporte público y privado, así como en su relación con la ordenación del territorio y el urbanismo.
¿Cómo afectan estas lluvias a la red de transporte ferroviario?
Cuando hablamos del tren, debemos tener en cuenta que se trata de una infraestructura rígida, ya que los trenes circulan por una vía y hay pocas alternativas en estos casos, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la red de carreteras. En el caso del ferrocarril, también hay que tener en cuenta otros elementos: la catenaria, los sistemas de comunicación, los sistemas eléctricos, etc. Son muchos elementos interconectados que pueden sufrir daños durante episodios como estos.
¿También puede verse afectado el resto de la red de transporte?
Sí, también puede verse afectada, pero el autobús, por ejemplo, tiene la ventaja de que dispone de alternativas. Si una calzada queda afectada, el autobús no podrá circular por ella, pero quizá pueda utilizar otra carretera en condiciones adecuadas. Por tanto, la afectación no será tan elevada. No obstante, si la carretera afectada es la única vía de acceso a determinados núcleos de población, lógicamente no solo se verá afectado el transporte público, sino también todos los vehículos privados.
¿Por qué algunas redes ferroviarias colapsan y otras no?
No hay una única causa. Durante muchos años, la red de Rodalies ha sufrido déficits de inversión continuados y prolongados en el tiempo. Esto hace que, cuando se produce un episodio de este tipo, sea más vulnerable a los posibles daños que puedan afectar a cualquiera de los elementos que la componen. Si se realiza un buen mantenimiento, la red suele ser más resiliente.
Pablo Girgado, investigador del Departamento Derecho Privado, Procesal y Financiero
Dirige el Grupo de Investigación Derecho de Seguros de la URV y es experto en la regulación del contrato de seguro y en la transparencia y competitividad del mercado asegurador.
¿Cómo afectan el cambio climático y los fenómenos extremos, cada vez más frecuentes, a los seguros?
La repetición de los siniestros relacionados con este riesgo puede afectar a los contratos de seguro en el futuro, normalmente mediante un incremento de las primas. Si se trata de un riesgo extraordinario, corresponde al Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) indemnizar los daños, siempre que se cumplan los requisitos establecidos en la normativa. Si los daños son extraordinarios y se repiten con mayor frecuencia, los fondos disponibles se reducen más rápidamente. Esto puede implicar un aumento de las primas de los seguros. Así, se puede llegar a una situación en la que la prima sea tan elevada que al asegurado no le interese contratar el seguro, o en la que la entidad aseguradora no pueda ofrecer cobertura porque el riesgo supere el margen asumible. En estos casos, se podría recurrir al CCS, aunque su cobertura siempre sería más limitada.
¿Puede una aseguradora limitar una cobertura o aumentar las primas debido al riesgo climático de una zona determinada?
A las aseguradoras les interesa contratar pólizas y ofrecer cobertura para los riesgos, pero no hay que olvidar que actúan según criterios de rentabilidad y no pueden funcionar a pérdidas. Una entidad aseguradora no puede asumir un nivel de riesgo que comprometa su viabilidad empresarial. Por este motivo, existe el control de la Dirección General de Seguros, dependiente del Ministerio de Economía. Las aseguradoras intentarán delimitar el riesgo sin restringir los derechos del asegurado y respetando los requisitos de aceptación expresa que correspondan, o bien aumentar las primas.
Cuando una vivienda sufre inundaciones de manera reiterada, ¿cada episodio debe seguir considerándose un siniestro extraordinario?
La consideración de riesgo extraordinario está delimitada por la ley. En principio, la repetición del fenómeno no modifica el concepto. Si se trata de un riesgo extraordinario, el Consorcio indemniza los daños en los términos establecidos legalmente.
¿Cree que en los próximos años veremos cambios importantes en los contratos de seguro como consecuencia del cambio climático?
Sí, sin duda se producirán cambios. No obstante, el sector asegurador se adapta a las transformaciones para responder a las necesidades que surgen, en este caso, como consecuencia del cambio climático. Probablemente, aumentará la contratación de seguros ante el incremento de los riesgos.
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