15/05/2026

Biomarcadores metabolómicos, una herramienta clave para comprender la alimentación infantil

La evidencia científica recopilada por la URV relaciona metabolitos con alimentos específicos y abre la puerta a diseñar estrategias nutricionales personalizadas

Determinar con precisión los patrones dietéticos de los niños no es tan sencillo como parece. En la práctica clínica y en investigación, el seguimiento alimentario infantil se ha basado tradicionalmente en cuestionarios o encuestas que dependen de la memoria y del criterio de las familias. Las valoraciones subjetivas sobre la cantidad de alimentos que se consumen, o incluso sobre qué se entiende por alimentación saludable, pueden variar ampliamente en función de factores sociales o culturales, lo que dificulta la labor del personal sanitario e investigador. Para abordar esta problemática, un equipo investigador de la Universidad Rovira i Virgili y el Instituto de Investigación Biomédica CatSud estudia cómo los compuestos implicados en el metabolismo —llamados metabolitos— pueden ser indicadores más precisos de los patrones dietéticos de niños y jóvenes.

El último estudio que han publicado recopila la evidencia científica sobre la relación entre dieta y perfiles metabolómicos en niños y adolescentes de hasta 18 años. La metabolómica analiza cientos de moléculas en fluidos biológicos, como la sangre y la orina. Estos metabolitos son producto del metabolismo y reflejan la respuesta del organismo a factores como la alimentación, la actividad física o la microbiota intestinal. Aunque en adultos esta aproximación ya se aplica para estudiar la dieta y la salud, en niños la evidencia es más limitada. “Hay menos datos en niños y adolescentes, pese a que se trata de una etapa clave para establecer la base de la salud metabólica futura”, lamenta Mariona Gispert, investigadora del Departamento de Medicina y Cirugía de la URV.

Mariona Gispert, investigadora del Departamento de Medicina y Cirugía de la URV.

En el marco de la investigación, el equipo analizó 659 estudios potencialmente relevantes elaborados con anterioridad, hasta 2025. De ellos, solo ocho cumplían los criterios de análisis: incluían menores de edad, medían metabolitos en sangre y/u orina y los relacionaban con el consumo de alimentos concretos o con la adherencia a determinados patrones dietéticos. La muestra final recogía datos de casi 6.000 niños y adolescentes de doce países.

Los resultados relacionan la presencia de diversos metabolitos con la ingesta de determinados alimentos o con patrones dietéticos específicos. Un ejemplo es el hipurato: la presencia de este compuesto en la orina aumenta con la adherencia a la dieta mediterránea y con el consumo de frutas y verduras. En cambio, cuando disminuye, es indicativo de una dieta con pocos productos frescos y más ultraprocesados. Un efecto similar tiene la prolina betaína, cuya presencia en la orina aumenta cuando se consumen frutas y verduras.

La revisión también revela el potencial de los metabolitos sanguíneos: el DHA, un ácido graso omega-3 esencial para el desarrollo neurológico, abunda en la sangre de los niños con un mayor consumo de pescado; y aminoácidos de cadena ramificada como la leucina, la valina y la isoleucina tienden a ser más bajos en dietas con muchos ultraprocesados, posiblemente por el desplazamiento de alimentos ricos en proteínas de calidad. Todos estos compuestos, y muchos otros, podrían actuar como biomarcadores de ingesta —una “huella metabólica” de los alimentos— con un gran potencial para mejorar la evaluación y el tratamiento nutricional en pediatría.

Hacia una nutrición infantil más precisa

Aunque los investigadores advierten de que la evidencia de estas asociaciones todavía es limitada —sobre todo en niños y jóvenes—, no dudan del potencial de la metabolómica para mejorar la evaluación y el tratamiento en nutrición: “Estos biomarcadores podrían ayudarnos a conocer con mayor precisión el patrón alimentario real de los pacientes; también a entender cómo responde su organismo ante determinados alimentos”, explica Verònica Luque, investigadora del mismo departamento. Con suficiente evidencia científica, este conocimiento abriría la puerta a diseñar intervenciones nutricionales personalizadas y a la prevención de enfermedades metabólicas como la obesidad.

Esta investigación ha sido liderada por la investigadora Mariona Gispert-Llauradó, con coordinación de Verònica Luque y Joaquín Escribano, de la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV y el IRBcatSud. Actualmente, el grupo trabaja en el proyecto europeo Biomarkid, que analiza biomarcadores de alimentación y actividad física en miles de niños europeos para profundizar en la relación entre dieta y salud a través de los metabolitos desde las primeras etapas de la vida.

Equipo investigador implicado en el proyecto.

Referencia: Gispert-Llauradó M, et al. Association Between Diet and Metabolome in Childhood and Adolescence: A Systematic Review. Nutrition Reviews. 2026. https://doi.org/10.1093/nutrit/nuaf305

 

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