15/07/2026

Las denominaciones de origen reivindican su papel en el futuro del medio rural

Una investigación de la URV concluye que las Denominaciones de Origen Protegidas y las Indicaciones Geográficas Protegidas impulsan la economía rural y contribuyen a mantener paisajes agrícolas, que actúan como barrera frente a los grandes incendios forestales

Las denominaciones de origen también contribuyen a mantener la actividad que moldea el mosaico agroforestal del país - Mosaico agroforestal en Aitona.

Ya sea una botella de aceite, un pan de payés, un manojo de calçots o una bolsa de frutos secos, cuando nos encontramos con un producto con Denominación de Origen Protegida (DOP) o con Indicación Geográfica Protegida (IGP) lo entendemos como una garantía de calidad y de origen. Pero detrás de estos sellos hay una realidad mucho más rica. Estas figuras de calidad no solo sirven para diferenciar productos en el mercado: también pueden contribuir a sostener actividades agrarias, mantener un mosaico agroforestal diverso, reforzar los vínculos con el territorio y preservar el tejido social y cultural de muchas zonas rurales.

Estas son algunas de las funciones que desempeñan estas organizaciones, según una investigación reciente centrada en el caso catalán. Enric Castelló, investigador del Departamento de Estudios de Comunicación de la Universitat Rovira i Virgili, ha publicado los resultados en la revista Geoforum, en un artículo que analiza cómo las DOP y las IGP catalanas entienden su papel en los ámbitos económico, sociocultural y medioambiental.

Catalunya cuenta actualmente con 22 figuras de calidad diferenciada de este tipo, que abarcan una gran variedad de productos: desde el arroz del Delta hasta el queso del Cadí, pasando por el aceite de Siurana o la pera de Lleida. En conjunto, representan a más de 20.000 productores y productoras y constituyen una de las redes agroalimentarias más importantes del país. Para comprender cómo estas organizaciones interpretan su misión, Castelló entrevistó a 26 representantes de 21 DOP e IGP catalanas y las visitó sobre el terreno.

Más allá del marketing

Las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas surgieron a finales del siglo pasado con el objetivo de proteger productos vinculados a un territorio específico, ofrecer garantías a los consumidores y facilitar su identificación en los mercados. Sin embargo, estos sellos entienden también su función desde una perspectiva social, cultural y medioambiental mucho más amplia. «Custodian un patrimonio alimentario que también es cultural y pueden convertirse en una palanca económica para el medio rural», explica Castelló. La investigación pone de manifiesto cómo muchas de estas organizaciones participan en actividades educativas, gastronómicas y de divulgación que contribuyen a reforzar la identidad de los territorios donde desarrollan su actividad.

Según las personas participantes, las DOP y las IGP contribuyen a aportar valor añadido a los productos agrarios, favorecen que las personas continúen viviendo y trabajando en el territorio y ayudan a preservar y modernizar conocimientos, prácticas y tradiciones transmitidos durante generaciones. En muchos casos, estos productos forman parte de la cultura alimentaria catalana y de la memoria colectiva de las comunidades que los elaboran.

Territorio, paisaje y comunidad

Uno de los aspectos que emerge con más fuerza de la investigación es la relación entre los sellos de protección y la construcción de comunidad. Las personas entrevistadas destacan que detrás de cada producto hay familias agricultoras y elaboradoras, explotaciones agrarias, cooperativas, pueblos y paisajes que dependen, en mayor o menor medida, de la continuidad de estas actividades productivas. Esta dimensión social resulta especialmente relevante en el contexto de transformación acelerada que vive el sector primario en Catalunya.

Aun así, las entrevistas también reflejan la preocupación por el futuro del campo. Las personas entrevistadas coinciden en señalar que el sector primario afronta importantes desafíos derivados de la globalización de los mercados, la presión sobre los precios, la competencia internacional y el aumento de los costes de producción.

Sector primario e incendios forestales

A estos retos se suman otros desafíos estructurales, como la falta de relevo generacional y los efectos del cambio climático. Y las sequías, los fenómenos meteorológicos extremos y las alteraciones de los ciclos agrícolas no hacen sino agravar la situación. La combinación de estos factores contribuye al abandono de la actividad agraria y, en consecuencia, provoca la desaparición de una parte importante de la gestión cotidiana del territorio. La pérdida de tierras de cultivo, el retroceso de la ganadería y de los aprovechamientos forestales incrementan la superficie y la densidad de los bosques y aumentan su vulnerabilidad frente a los grandes incendios forestales.

«Disponer de un sector agroalimentario vivo es fundamental para mantener nuestro entorno agroforestal. La temporada de incendios de este verano está poniendo de manifiesto que el abandono rural es uno de los factores más perjudiciales; valorar la calidad de nuestros productos alimentarios también significa contribuir a la resiliencia y al mantenimiento del territorio frente al cambio climático», subraya el investigador.

Enric Castelló, en la presentación de su libro «Nuevos imaginarios del rural: Literatura, cine y medios en el contexto español».

Aunque las organizaciones que gestionan las figuras de calidad en Catalunya prevén un futuro incierto, «también muestran una firme voluntad de seguir trabajando para mantener los proyectos en marcha», señala el investigador del Departamento de Estudios de Comunicación. Por ello, reclaman políticas que refuercen el sector primario y el papel que desempeñan estas figuras de calidad. Consideran que las DOP y las IGP pueden contribuir a generar un mayor valor económico, pero para que ello sea posible es necesario un apoyo sostenido, una mayor concienciación de los consumidores y una mejor adaptación a las necesidades del medio rural.

Esta investigación fue uno de los últimos resultados del proyecto Ruralim, Nuevos imaginarios de lo rural en la España contemporánea: cultura, documental y periodismo (PID2021-122696NB-I00), financiado por el MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y por FEDER, Una manera de hacer Europa, que finalizó en 2025.

Referencia: Castelló, E. (2026). Geographical indications and rural bonds: narrating roles in Catalonia. Geoforum, 174, 104699. https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2026.104699

 

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