22/06/2026

La sequía obliga a replantear el futuro de la vid en Catalunya

Un proyecto con participación de la URV estudia cómo el manejo del suelo y la vegetación puede ayudar a los viñedos a resistir sequías cada vez más extremas y garantizar la viabilidad del sector vitivinícola

Después de tres años de sequía acumulada, muchos viñedos catalanes comenzaron el 2024 en una situación crítica. La persistente falta de lluvias no solo reduce la producción de uva, sino que también provoca un estrés hídrico severo, un desarrollo vegetativo insuficiente y, en algunos casos, la muerte de las plantas. Ante este escenario, investigadores de la Universitat Rovira i Virgili han participado en el proyecto MANSO —acrónimo de MAneig del SÒl i vinya per la lluita contra la sequera—, una iniciativa impulsada conjuntamente con bodegas y centros de investigación para estudiar cómo adaptar la viticultura mediterránea a unas condiciones climáticas cada vez más secas y extremas.

El objetivo del proyecto ha sido transformar el conocimiento científico en herramientas prácticas que ayuden al sector vitivinícola a hacer frente a sequías extremas, en un contexto en el que las proyecciones climáticas apuntan a que estos episodios podrían ser cada vez más frecuentes, prolongados e intensos. Para ello, el equipo investigador ha trabajado sobre cuatro grandes retos: aprovechar mejor el agua de lluvia, reducir la evaporación durante el verano, gestionar el viñedo en escenarios sin precipitaciones y optimizar posibles riegos de supervivencia con aguas regeneradas o reservas limitadas.

Para lograrlo, se ha ensayado en viñedos del Penedès una serie de estrategias de manejo del suelo destinadas a retener más humedad y reducir las pérdidas de agua. Entre ellas se encuentran la denominada cubierta vegetal —dejar crecer vegetación entre las hileras del viñedo para proteger el suelo y mejorar su estructura—, el mulching —cubrir la superficie con restos vegetales para reducir la evaporación y conservar la humedad—, el subsolado —romper en profundidad las capas compactadas del terreno para facilitar la infiltración del agua— o el embalsamiento superficial, una técnica basada en favorecer la acumulación de agua de lluvia en pequeños surcos para que pueda infiltrarse lentamente y recargar las reservas hídricas del viñedo. Todas estas estrategias se han comparado con sistemas tradicionales de laboreo.

El equipo de la URV, integrado por los investigadores Miriam Lampreave, Alba Marco, Júlia Rovira, Antoni Sánchez-Ortiz, Sumpta Mateos y Gerard Mora, se ha encargado de estudiar cómo estos diferentes sistemas de manejo afectan a la producción y a la calidad de la uva. Los resultados muestran que las estrategias aplicadas son susceptibles de modificar tanto el comportamiento del viñedo como las características del fruto.

El suelo condiciona la respuesta del viñedo

Los resultados obtenidos por el equipo de la URV revelan que el manejo del suelo puede modificar la producción y la calidad de la uva, aunque el impacto varía según el tipo de terreno y las condiciones hídricas de cada finca. En general, los tratamientos con cubierta vegetal y mulching tendieron a producir granos de uva más pequeños y ligeros con respecto a otros sistemas de manejo. No obstante, el equipo investigador recalca que estas diferencias no son homogéneas y que durante el proceso de maduración se han observado contrastes importantes entre parcelas, tanto en el vigor del viñedo como en el tamaño del fruto.

El estudio también ha detectado diferencias en los parámetros de calidad y maduración de la uva. El contenido de azúcar —que determina el grado alcohólico del vino— varió según la finca y el tratamiento aplicado. En varias localizaciones, el mulching fue la estrategia que alcanzó los grados más elevados, mientras que la cubierta vegetal y el subsolado presentaron habitualmente valores más bajos. En cuanto a la acidez, los resultados dependen sobre todo de las características de cada parcela más que del tratamiento aplicado. En cambio, sí se observó que la cubierta vegetal y el mulching tienden a reducir la concentración de nitrógeno y de ácido málico en el mosto.

Cuando los investigadores cruzaron estos datos con los obtenidos por los otros socios del proyecto —centrados en el comportamiento hídrico del suelo y la fisiología de las plantas— pudieron relacionar las características del suelo, del viñedo y del fruto. En las parcelas de regadío, por ejemplo, la cubierta vegetal se mantuvo activa durante más tiempo y compitió directamente con el viñedo por los recursos hídricos durante el verano. Esto se tradujo en una menor tasa de fotosíntesis, un mayor estrés hídrico y producciones más bajas. El tratamiento de mulching, además, mostró niveles de estrés hídrico más elevados a pesar de presentar una mayor capacidad de infiltración del agua en el suelo.

En conjunto, los resultados ponen de relieve que no existe una estrategia universal válida para todas las situaciones: «No hay una receta mágica; conocer la interacción entre el tipo de suelo, el manejo que se hace de él y la disponibilidad de agua es determinante para tomar decisiones basadas en criterios objetivos». En este sentido, los investigadores reivindican la necesidad de seguir estudiando posibles métodos universales o técnicas específicas que, además de las ya analizadas, puedan ayudar a los técnicos a adaptar las prácticas agrícolas a las características de cada parcela.

MANSO pone sobre la mesa uno de los grandes retos del sector vitivinícola mediterráneo: la necesidad de adaptarse rápidamente a unas condiciones climáticas que ya están transformando profundamente el territorio. Las proyecciones meteorológicas indican que los episodios de sequía persistente podrían ser cada vez más frecuentes e intensos, lo que obliga a replantear las prácticas tradicionales y avanzar hacia modelos de gestión orientados a la resiliencia.

El proyecto MANSO ha estado integrado por las bodegas Bodegues Sumarroca, Celler Kripta, Juvé & Camps, Masia Vallformosa y Llopart, junto con el IRTA, el INCAVI, el INNOVI y la Universitat Rovira i Virgili, con la colaboración de AECAVA. La iniciativa ha sido cofinanciada por la Unión Europea a través de la intervención 7161 del Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) 2023-2027 y finalizará en septiembre de 2026.

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