18/09/2026
Tiempo de calidad para investigar después de ser madre
35 profesoras se han acogido al programa que quiere reducir el impacto de la maternidad en la carrera académica. Disponen de un semestre sin docencia para dedicarse exclusivamente a la investigación después del nacimiento de un hijo
35 profesoras se han acogido al programa que quiere reducir el impacto de la maternidad en la carrera académica. Disponen de un semestre sin docencia para dedicarse exclusivamente a la investigación después del nacimiento de un hijo
Las brechas de género en la investigación y la innovación no se limitan a los puestos de trabajo, la dedicación laboral o los tipos de contrato, sino que también se hacen evidentes en los resultados de la investigación y la innovación, como las publicaciones o las patentes. Así se explica en el informe “Género en la investigación” del Instituto Europeo para la Igualdad de Género, de la Comisión Europea, que detalla que este sesgo tiene consecuencias a la hora de obtener ayudas, premios y puestos de trabajo dentro del sistema de investigación e innovación. Y la llegada de los hijos es un factor que incide en la actividad investigadora, especialmente en las mujeres, por la dedicación que requiere la maternidad y la lactancia materna.
Carlota Moragas, profesora del Departamento de Comunicación, lo ilustra de esta manera: “El gran cambio que la maternidad supone en el día a día de las investigadoras está relacionado con la reducción drástica del tiempo que, antes de convertirnos en madres, dedicábamos al desarrollo de la carrera académica más allá de las horas que establecen nuestros contratos.”
En este contexto, la Universitat Rovira i Virgili ha desplegado medidas que favorecen la reducción de las desigualdades en la carrera académica. Una de las más significativas es el programa de intensificación de la investigación, aprobado en 2019, que permite al personal docente e investigador que ha disfrutado de un permiso de maternidad reducir al 100 % su carga docente durante un semestre en el momento en que lo soliciten y hasta tres años después de tener al hijo o hija. De este modo, durante un semestre pueden dedicarse exclusivamente a la investigación con el objetivo de compensar el impacto que la maternidad puede tener sobre la progresión profesional.
“La clave es que la Universidad asume el coste de la sustitución docente para que esta reducción no recaiga sobre el resto del profesorado”, explica la directora de la Unidad de Igualdad de la URV, Cilia Willem. Si bien “un semestre no lo soluciona -admite Willem-, es un incentivo” que contribuye a reducir el desequilibrio. Desde que la medida entró en funcionamiento en 2020 hasta este mes de junio, se han acogido a ella 35 profesoras.
Leticia Bazo, profesora del Departamento de Enfermería, detalla qué supuso para ella poder acogerse a esta medida: “Representó un antes y un después para tener tiempo de calidad para investigar. Aquel semestre me permitió retomar el cronograma de mis proyectos, redactar artículos científicos, preparar convocatorias competitivas, coordinarme con centros participantes y consolidar diferentes líneas de investigación aplicada en neonatología, pediatría y tecnología educativa. También pude reforzar la transferencia del conocimiento a los centros asistenciales y avanzar en iniciativas que, con la carga docente habitual, probablemente habrían quedado aplazadas.” Al mismo tiempo, a nivel personal, asegura que pudo disfrutar “de una etapa irrepetible con mis hijos”.

Tal como señala Willem, “dieciséis semanas de interrupción después del nacimiento de un hijo o hija pueden tener consecuencias durante mucho más tiempo, porque entre que una investigadora tiene una idea de proyecto, se materializa y finalmente se publican los resultados, pueden pasar entre tres y cinco años”.
En cuanto a las investigadoras que todavía no han consolidado su trayectoria, pueden ver cómo se retrasa la obtención de las acreditaciones necesarias para optar a nuevas plazas, mientras que las que ya están acreditadas compiten en inferioridad de condiciones respecto al resto de candidatos. Del mismo modo, pueden verse afectados los complementos retributivos vinculados a la producción científica y las oportunidades de asumir responsabilidades de liderazgo en la investigación.
Moragas tuvo un hijo y una hija durante el periodo en que fue lectora, el primer estadio de la carrera investigadora. Por ello considera que “acogerme a la exención de docencia durante dos semestres a lo largo de estos años fue fundamental para dedicar más tiempo a la investigación, imprescindible para obtener la acreditación, y para preparar el concurso para optar a una plaza de profesora agregada.”
Medidas para la igualdad de oportunidades en la carrera académica
El programa de intensificación de la investigación se enmarca en una política institucional más amplia para garantizar la igualdad de oportunidades en la carrera académica. Una de las medidas adoptadas en los últimos años es la apertura de una sala de lactancia en el lugar de trabajo para poder continuar con la lactancia y no retrasar la reincorporación, explica Willem.
“Optar por la lactancia materna comporta una serie de retos que van más allá de cubrir las necesidades de alimentación y cuidado del bebé y que tienen un impacto directo en la organización del tiempo y del trabajo, sobre todo durante los primeros meses de vida”, explica Moragas, que ha sido usuaria de la sala del campus Catalunya con su segunda hija y ve las diferencias con el primero. “Ha supuesto una mejora sustancial a la hora de facilitar mi reincorporación al trabajo y de permitirme mantener la lactancia materna. También pude continuar haciendo extracciones para donar leche materna al banco de leche para bebés prematuros.”

En cuanto a la normativa, existen criterios de priorización en la promoción de las diferentes categorías del profesorado, que establecen que, en caso de empate, el género infrarrepresentado tiene preferencia. También se incorporan mecanismos para neutralizar el efecto de los permisos por nacimiento y cuidado de menores en el cómputo de la trayectoria académica. En el caso de las madres biológicas, se descuentan 183 días por cada hijo o hija a la hora de calcular el tiempo transcurrido entre la contratación y la obtención de las acreditaciones, y para los otros progenitores se descuenta el tiempo correspondiente al permiso efectivamente disfrutado. También en la evaluación de la actividad docente se reconocen oficialmente las reducciones derivadas de los permisos de maternidad, paternidad o cuidado de hijos e hijas, y las doctorandas que son madres durante el tiempo que realizan la tesis pueden disponer de prórrogas.
Leticia Bazo y Carlota Moragas coinciden en destacar que los sesgos en la conciliación no tienen tanto que ver con el hecho de ser hombre o mujer, sino con los roles que asume cada persona y los modelos familiares, que condicionan la dedicación a la crianza y al trabajo.
Bazo resalta que, si bien “la maternidad cambia inevitablemente el ritmo de la carrera investigadora”, aspectos como “la flexibilidad en la organización de la docencia y la posibilidad de disponer de espacios de trabajo autónomo” permiten “continuar vinculada a la investigación sin tener que renunciar a la maternidad”. En este contexto, la cultura de trabajo es determinante. Moragas detalla cómo el apoyo de las personas que han estado al frente del Departamento y de las compañeras de su grupo de investigación ha contribuido a mantener el ritmo de la actividad investigadora y a no quedarse al margen durante los primeros años de crianza.
“El reto -afirma Bazo- no es demostrar que podemos hacer más, sino construir entornos laborales que permitan desarrollar la carrera investigadora sin tener que renunciar a formar una familia”. La maternidad, al fin y al cabo, “nos ayuda a entender que las trayectorias profesionales no siempre son lineales y que eso no las hace menos valiosas”.
