29/07/2026

Los fármacos contra la obesidad deben combinarse con una atención nutricional, física y psicológica integrada

La investigadora de la URV Mònica Bulló participa en un consenso europeo que establece las bases para una atención integral de las personas que siguen estos nuevos tratamientos

Foto: Joa7 (Pixabay).
Foto: Joa7 (Pixabay).

Los nuevos fármacos basados en las hormonas incretinas están transformando el tratamiento de la obesidad, ya que pueden conseguir pérdidas de peso importantes y aportan beneficios cardiovasculares, renales y metabólicos. Sin embargo, su uso debe ir acompañado de un abordaje integral que incluya apoyo nutricional, ejercicio físico y atención psicológica para garantizar su seguridad, efectividad y el mantenimiento de los resultados a largo plazo. Esta es la principal conclusión de un documento de consenso elaborado por la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad, la Federación Europea de Asociaciones de Dietistas y la Coalición Europea de Personas que Viven con Obesidad, publicado recientemente en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology.

Entre los tratamientos conocidos como agonistas de los receptores de GLP-1 y otras terapias basadas en incretinas se encuentra la semaglutida, principio activo de medicamentos como Ozempic —inicialmente autorizado para el tratamiento de la diabetes tipo 2— y Wegovy, ambos indicados actualmente para la obesidad. Según los autores, estos fármacos reducen el apetito, aumentan la sensación de saciedad y disminuyen significativamente la ingesta energética, pero también pueden plantear retos nutricionales, físicos y emocionales que requieren un seguimiento adaptado a cada paciente.

En la elaboración de este consenso ha participado Mònica Bulló, catedrática de la Universitat Rovira i Virgili, directora del grupo de recrec NuMeH y del centro TecnATox de la URV e investigadora adscrita al IRBCatSud. Bulló, que también es miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad y dirige su Grupo de Trabajo de Nutrición Bulló comenta que «participar en este tipo de documentos ayuda a definir criterios que pueden orientar la práctica clínica y las políticas de salud». «Los nuevos fármacos representan un gran avance en el tratamiento de la obesidad, pero no pueden entenderse como una solución aislada. Es necesario integrarlos en una estrategia que garantice una alimentación adecuada, el mantenimiento de la masa muscular, la funcionalidad física y el bienestar psicológico de las personas», destaca la investigadora.

Evitar déficits nutricionales

La reducción del apetito asociada a estos fármacos puede acentuar el riesgo de una ingesta insuficiente de proteínas, vitaminas, minerales, fibra o líquidos. Por este motivo, el consenso recomienda priorizar alimentos nutritivos, asegurar una hidratación adecuada y adaptar las pautas dietéticas a las necesidades de cada paciente.

El documento también subraya la importancia de supervisar especialmente a las personas de edad avanzada, aquellas con fragilidad, antecedentes de cirugía bariátrica u otras condiciones que aumenten el riesgo de desnutrición.

Preservar la masa muscular y la capacidad funcional

La pérdida de peso también puede comportar una disminución de la masa muscular. En este sentido, el documento propone combinar un aporte adecuado de proteínas con ejercicios progresivos de fuerza o resistencia, además de la actividad aeróbica. Los autores proponen que el seguimiento clínico no solo controle el peso corporal, sino que también incorpore indicadores funcionales como la fuerza muscular, el perímetro de la cintura o la capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas. El objetivo es que la pérdida de peso se traduzca en una mejora real de la salud y de la calidad de vida, y no en una pérdida excesiva de masa magra.

Atender los cambios psicológicos

El consenso también aborda una parte a menudo menos visible del tratamiento: los cambios psicológicos que pueden aparecer cuando disminuye el apetito o cuando la comida deja de cumplir una función emocional, social o de recompensa. Algunas personas pueden experimentar una mejora de la autoestima, el estado de ánimo y la calidad de vida, pero otras pueden tener dificultades para adaptarse a la nueva imagen corporal, perder estrategias habituales para afrontar el malestar o sentir miedo de recuperar peso si dejan la medicación. Por este motivo, los expertos recomiendan incorporar la evaluación psicológica dentro del seguimiento habitual y ofrecer apoyo especializado cuando se detecten situaciones de vulnerabilidad emocional, trastornos de la conducta alimentaria u otros problemas de salud mental. Los autores defienden un modelo de atención escalonado y multidisciplinar, con un seguimiento clínico que también incluya a profesionales de la dietética y la nutrición, la psicología, la fisioterapia u otras especialidades según las necesidades.

El documento concluye que los fármacos basados en incretinas representan un cambio de paradigma en el tratamiento de la obesidad, pero que sus beneficios solo podrán aprovecharse plenamente si se integran dentro de un modelo de atención centrado en la persona y orientado a la salud global más allá de la pérdida de peso.

Referencia bibliográfica: Dobbie LJ, Tolvanen L, Alves D, Baker JL, Bez NS, Birney S, et al. Nutritional, functional, and psychological considerations for incretin-based therapies in adults—an EASO, EFAD, and ECPO Consensus Statement. Lancet Diabetes Endocrinol. 2026 Jul 8. doi:10.1016/S2213-8587(26)00122-1.

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